jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Hacia dónde?

Últimamente no voy hacia ninguna parte. Simplemente me muevo, de acá para allá. O ni siquiera me muevo. Estoy en construcción, como el belén de Poveda. ¿Qué saldrá de todo esto? Quién sabe. Lo deseable es que algo bonito. La realidad... ya se verá.

domingo, 9 de agosto de 2015

Un concierto como la vida misma.


Esta mañana (¿o fue anoche cuando volvía a casa?) me ha venido una inspiración de esas que aparecen de vez en cuando al preparar la homilía de los domingos y/o fiestas de guardar. Todo comenzó cuando me acerqué a uno de los pueblos, PdlT, para asistir a una convención sobre un cantante conocido a nivel mundial, B.S., cuya música casualmente me gusta desde hace casi 30 años. Así que tenía un doble motivo para ir: escuchar a uno de los dos grupos que actuaban versionando sus canciones y hacerme presente como cura del pueblo (ya saben, hay que dejarse ver, ser Iglesia cercana). Así que allí estaba yo a media tarde dando vueltas por el pueblo.
Pero a lo que voy: la ocurrencia (también llamo así a mis inspiraciones). En el pueblo algunos esperaban, mejor soñaban, que apareciera B.S. en persona; algo que no ocurrió. Como eso estaba previsto, se buscó una alternativa: alguien que ocupara su lugar y que, de alguna manera, llevara a la gente a sentir que el mismísimo B.S. estaba allí. Así aparece en escena SitN, banda tributo de B.S. La verdad es que sonaban muy bien el rato que los escuché. El cansancio y las tareas que me esperaban por la mañana no me permitieron llegar más allá de las dos me nos cuarto de la madrugada.
Hechas las presentaciones de los personajes que me interesan para esta "parábola" (había también presente otro grupo, CM, que lo hizo muy bien, pero era telonero, o sea, una especie de aperitivo), voy a la descripción del ambiente. Antes de empezar la música, por la plaza y calles aledañas ya había personas borrachas o alegres en demasía. Otros se fueron alegrando a lo largo de la noche. Había personas que habían venido de muy lejos; otras eran del pueblo (vivían allí todo el año o de veraneo y descanso). Otras eran de los pueblos vecinos.Había niños, jóvenes, adultos de todas las edades, algunos jubilados... Todos estaban allí convocados por aquel evento-concierto. Los había que eran fans incondicionales de B.S., otros habían oído hablar de él. A algunos tal vez les resultaba algo desconocido...
Podría seguir describiendo el escenario y me alargaría bastante, cosa que no me interesa. Pues voy al asunto que me ocupa y que hace referencia al título de esta entrada. Aunque le voy a dar la vuelta: la vida misma como un concierto. Si al cantante internacional lo llamamos Jesucristo (también es conocido por otros nombres como Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Mesías...) a muchos cristianos les gustaría verlo "en concierto"; pero parece a veces tan lejano... Incluso ya hay muchos que dudan de si existe realmente; como el B.S., está tan lejos para muchos que es como si no existiera. están ahí los indiferentes y, tal vez los borrachos; para estos últimos lo único que cuenta es la fiesta en sí y no el motivo de la fiesta.
Físicamente no podemos ver a JS (vamos a nombrar así a nuestro artista principal cristiano...) Pero como en el caso de SitN, hay personas que nos lo acercan cantando "sus canciones". Por cierto, que tienen letras que dicen cosas así: "Dios es vuestro Padre y os ama",  "Yo os amo", "Amaos unos a otros"... Esas personas pueden ser curas, monjes y monjas, laicos... adultos y niños... hombres y mujeres...Cuando alguien canta esas canciones con su propia vida, puede ser capaz de llevarnos hasta el autor y hacernos sentir que está allí realmente presente con nosotros, de la misma manera que SitN seguro que hizo sentir a muchos que B.S. estaba allí cantando sus canciones personalmente. Esas canciones despiertan sentimientos diferentes en las personas; a algunos les producirá indiferencia, a otros alegría, a otros subidón en un momento... como la vida de fe misma. Habrá quien no entienda nada de ese idioma y desista de seguir escuchando, o escuchará porque aún sin entender la melodía es bonita y pegadiza. Habrá quien escuche sólo en momentos puntuales, como cuando se llena la iglesia un día de fiesta. Habrá quien no vuelva a cantar esas canciones o se dedique solo a escuchar, sin ni siquiera tararerar...
Lo importante de todo esto, para ir terminando, es hacer las canciones vida, porque si lo hacemos así, un día nos encontraremos de verdad con este artista internacional llamado JS, pues él mismo nos invitará personalmente a su casa. Mejor dicho, a la casa de su Padre, de quien él aprendió todo lo que sabe. En definitiva, los cristianos hemos de dirigir nuestra vida hacia Dios y eso sólo lo conseguimos caminando juntos y haciendo vida sus canciones de amor, de esperanza y de fe.
Este tema daría para escribir un libro, pero lo escrito da para entender un poco cómo hemos de vivir, aprovechando un ejemplo de la vida misma, para ser felices ahora y, especialmente, en el futuro.
Feliz domingo a todos.


martes, 17 de marzo de 2015

Junto al Ecce homo.



CHARLAS CUARESMALES. 2015. MOLINA DE ARAGÓN. 17-marzo-2015.
                                   “ECCE HOMO”

Si cogemos una Biblia y buscamos en el Evangelio de Juan el capítulo 19, podemos leer en el versículo 5: “Les dice: «Aquí tenéis al hombre»”. Pilato, que ha mandado azotar a Jesús, lo saca ahora para que lo vea la gente y pronuncia estas palabras, que en latín suenan así: “…et dicit eis: Ecce homo!”. En uno de los tres libros que Benedicto XVI escribió sobre Jesús de Nazaret (en concreto, en el que comenta el espacio de tiempo que va desde la entrada triunfal en Jerusalén hasta la Resurrección), el Papa emérito dice “Ecce homo: esta palabra adquiere espontáneamente una profundidad que va más allá de aquel momento. En Jesús aparece lo que es propiamente el hombre. En Él (en Jesús) se manifiesta toda la miseria de los golpeados y abatidos. En su miseria se refleja la inhumanidad del poder humano, que aplasta de esta manera al impotente. En Él se refleja lo que llamamos «pecado»: en lo que se convierte el hombre cuando da la espalda a Dios y toma en sus manos por cuenta propia el gobierno del mundo.
Pero también es cierto el otro aspecto: a Jesús no se le puede quitar su íntima dignidad. En Él sigue presente el Dios oculto. También el hombre maltratado y humillado continúa siendo imagen de Dios. Desde de que Jesús se ha dejado azotar, los golpeados y heridos son precisamente imagen del Dios que ha querido sufrir por nosotros. En medio de su pasión, Jesús es imagen de Esperanza: Dios está del lado de los que sufren”.

Vamos a meditar hoy sobre este aspecto de Jesús, aspecto físico, que recoge todo un abanico de situaciones humanas. Vamos a retroceder un poco en el tiempo, en las horas anteriores a esta presentación. Vamos a meditar en las distintas actitudes y actos concretos de las personas que están alrededor de este “condenado”, de este “criminal”, de este “delincuente” que va a ser castigado con la muerte en la cruz. Y vamos después a examinarnos a nosotros mismos para ver con cuál o con cuáles de estos personajes que aparecen, nos identificamos más y con quién deberíamos identificarnos realmente. Ya hemos visto en el texto de Benedicto XVI qué “Ecce homo”, qué ser humano es Jesús. Seguimos con los demás.

Pilato. Es el que presenta a Jesús de esa guisa, con ese aspecto. Representa el poder civil, el encargado de mantener el orden y la paz en Palestina. Se encuentra con la acusación a un inocente; él sabe que es inocente y que sería injusto condenarlo, pero prefiere tratar de preservar la paz, a costa de una injusticia. Además se lava las manos, como tratando de decir: esto no va conmigo, no es culpa mía, la culpa por esta muerte, a otros… En nuestro lenguaje coloquial decimos: “Echar balones fuera” (desviar la atención hacia otros). Es el que tiene condenado a Jesús, a  pesar de decir y pensar que es inocente, cuando ofrece al pueblo liberarlo con motivo de la fiesta de Pascua; se liberaba sólo a los presos y condenados; por tanto, a Jesús lo consideraba un condenado. Es el que manda azotarlo (un castigo brutal e inhumano), el que lo entrega a sus soldados para que lo sigan maltratando y lo lleven a crucificar.
(¿Y yo? ¿Me lavo las manos ante las injusticias? ¿Cómo trato al que sufre a mi lado? ¿Con misericordia o digo “algo habrá hecho para estar así”? ¿Qué hago, por ejemplo, ante tal o cual partido político que no defiende al inocente de ningún modo o se justifica en que lo suyo es menos malo o menos injusto (pero, aún así, no es justo)? ¿Me conformo con lo menos malo o defiendo de verdad lo bueno?)

Herodes. Otra autoridad civil. Lo conocemos también por el relato de la muerte de Juan Bautista; su deseo de querer agradar le lleva a mandar decapitar al profeta. Diríamos que es un “pelele”: de Herodías o de los romanos. Está ahí porque ellos le dejan. De primeras, se alegra de recibir a Jesús y quiere conocerlo; pero cuando descubre que Jesús no le “baila el agua”, lo desprecia. Se burla de él. Y lo devuelve como un regalo que no le ha gustado.
(¿Y yo? ¿Busco agradar a los demás a cualquier precio? ¿O conseguir lo que sea de ellos y si no es así los desprecio? ¿Busco de verdad conocer a Jesús para seguirlo o sólo para conseguir lo que a mí me interesa y si no me lo da lo ignoro o lo desprecio?)

Soldados de Pilato. Guardias de Herodes. Guardias del templo. Son los ejecutores de las órdenes. Hay un dicho que dice, valga aquí la redundancia: “El que obedece no se equivoca”.  El recurrir al “a mí me han mandado hacer esto…” puede parecer convincente a la hora de obedecer… Pero no todo vale. Además, de los relatos de los evangelios se desprende que les gustaba lo que hacían: dar palizas, abofetear, burlarse… Es el abuso del poder; porque puedo, lo hago… Son los encargados de imponer el temor, el miedo a los sumisos, para controlar…
(¿Y yo? ¿Soy despiadado con los demás? ¿Utilizo la violencia física y/o verbal? (las palabras mal usadas pueden hacer mucho daño) ¿Me ensaño con el que está caído, por ejemplo, por el pecado? ¿Trato de imponerme a los demás, amenazo, maltrato?)

Sumos Sacerdotes y ancianos. El poder religioso y el poder económico. Son aquellos que sienten amenazadas sus tradiciones y su fe, por una parte, y su poder y su prestigio, por otra. Por eso muestran tanto interés en saber si Jesús es el Mesías y, por eso, muestran tanto interés en eliminarlo, al precio que sea (presentan testigos falsos, presionan a Pilato…). Se burlan de Jesús; pero así, sin quererlo, ponen de manifiesto qué clase de Mesías es Jesús: el que es Dios y a la vez hombre humillado, con el rostro desfigurado, que profetizó Isaías.
(¿Y yo? ¿Siento que amenazan mis tradiciones? ¿Qué me quitan la fe cuando me cambian una misa? ¿Me burlo de los que viven su fe de otra manera? ¿Defiendo a capa y espada el prestigio que me da pertenecer a tal o cual cofradía o ir a tal o cual procesión o hacer esta o aquella tarea en la iglesia?)

Testigos falsos. Criados. Los primeros se dejan comprar; venden su alma por unas monedas. Los segundos son obedientes a quién les da de comer (no es malo, en principio) y son los que señalan y acusan a Pedro y se burlan de Jesús (esto sí es malo, en principio y en final). Hay quien dice que vale cualquier cosa con tal de comer (yo he llegado a oír que los pobres tienen derecho a engañar para conseguir dinero). Yo digo que no es así y menos aún cuando con lo que decimos sale perdiendo un inocente. La mentira no deja descansar; la verdad descansa a quien la dice.
(¿Y yo? ¿Me guío por la verdad o por la mentira? ¿Doy falso testimonio contra los demás? ¿Señalo a los otros sólo porque son diferentes, de otro color, de otra raza, de otra religión, de otro pueblo…?)

Judas. Es el que ha vendido al Maestro por treinta monedas; nos dice uno de los Evangelios que era un ladrón y este era un dinero fácil; pero tiene que haber algo más. Ha vivido con Jesús tres años, lo conoce bien, eran amigos… Tiene que haber algo oscuro para una traición tan grande; aunque se arrepiente, sabe que no está bien lo que ha hecho; a pesar de esto, no aprende, porque no ve más salida que la horca; la desesperación por haber vendido a su amigo le hace cometer la última locura. Pero en la vida siempre hay una salida digna para todo lo que se hace, por muy malo que sea lo que se ha hecho. Porque existe el arrepentimiento y el perdón, existe la humildad de reconocer los errores.
(¿Y yo? ¿Vendo mi fe, por mucho o por poco, eso da igual? ¿Traiciono a mi amigo Jesús por una vida más cómoda en este mundo? ¿Me dejo seducir por el dinero fácil, por la rutina,  por el qué dirán? ¿Se me pasan por la cabeza “locuras”, como por ejemplo abandonar la fe o renunciar a la vida eterna por una vida caduca en este mundo?)


La gente (pueblo, muchedumbre, chusma). No coinciden los evangelistas ni en el número de gente que grita ni en quiénes son exactamente. Sólo se nos dice que pedían la crucifixión de aquel hombre del que seguro habían oído hablar tanto. Se dejan convencer; se convierten en chusma que se apunta a cualquier tumulto, a cualquier espectáculo… aunque este sea crucificar a una persona; el dolor ajeno atrae a la curiosidad; nos animalizamos, nos embrutecemos y podemos llegar a disfrutar con el dolor ajeno como estos que gritan, movidos por, tal vez, su fanatismo religioso…
(¿Y yo? ¿Soy un fanático religioso que busco el linchamiento, aunque sólo sea moral, del que no vive la fe como yo? ¿Disfruto el dolor ajeno? ¿Creo que está justificado condenar a muerte a alguien por lo que ha hecho en la vida? ¿Me creo todo lo malo que me cuentan de los demás y pido que paguen por ello?

Barrabás. Es el “malo” que se beneficia de la condena del inocente. No sabemos mucho de él, sólo que le conceden la libertad. Por un lado, en él podríamos ver reflejada a una sociedad injusta que perdona al culpable y castiga al inocente Eso nos suena, ¿verdad? Pero también se puede mirar desde el lado de la fe: Barrabás se convierte, de alguna manera, en el primer redimido por Cristo, que paga por los crímenes del otro; un hijo al que el Padre perdona su pecado. El nombre significa “hijo (bar) del Padre (abbás)”. Es Barrabás un primer ejemplo de lo que Jesús va a hacer por nosotros. Toda su vida pasada de crímenes y delitos, está ahora olvidada y borrada por el perdón.
(¿Y yo? ¿Me siento perdonado por Dios? ¿Siento que él me libera del peso de mis pecados y me siento feliz por ello? ¿Me acerco con alegría a la confesión cuando lo necesito, sabiendo que Dios me perdona? ¿O no le doy importancia y vivo sin cambiar mi vida, diciéndome: si total, Dios me volverá a perdonar?)

Pedro. Es el bravucón que a las primeras de cambio se acobarda. El que quiere estar junto a Jesús y hace el esfuerzo de seguirle; consigue llegar hasta el patio del Sumo Sacerdote, se mete en medio del peligro; pero se apodera el miedo de él y a la hora de la verdad se esconde. Aunque, también es verdad, que después se arrepiente y llora amargamente y después de resucitar Jesús le confiesa: “Tú lo sabes todo, sabes que te amo”.
(¿Y yo? ¿Voy de valiente por la vida (aquí estoy yo, cristiano recio-cristiana recia, para lo que sea, pero a la hora de la verdad me escondo? ¿Oculto que soy cristiano cuando me encuentro en un entorno hostil? ¿Dejo de santiguarme, por ejemplo, o de bendecir los alimentos, cuando estoy en un restaurante… porque no me miren los demás? ¿Defiendo mi fe, de buenas maneras, no con la espada, cuando es atacada, cuando alguien se mete con Dios o con la Iglesia, cuando alguien habla mal de los cristianos? ¿O cierro la boca y los ojos para no decir y no ver? ¿Cuánto soy capaz de llorar, de verdad, interiormente cuando le fallo al Señor?

Mujer de Pilato. Sólo aparece en una referencia muy breve, cuando manda recado a su marido para que no haga daño a ese hombre que le acaban de traer acusado de blasfemo y enemigo del emperador. “No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”. Es la voz de los que no son escuchados, pero aún así hablan para defender la justicia. A veces permanecemos tan callados ante las injusticias, nos escondemos, no abrimos la boca… Sin embargo, como esta mujer, hemos de hablar, hemos de decir que hay cosas que no están bien. Tal vez no seremos escuchados, pero ahí queda nuestro testimonio y nuestra denuncia; ya no seremos juzgados por eso; pero, ay de nosotros si callamos… nos pedirán cuentas por ello; que esto nos quede claro.
(¿Y yo? ¿Defiendo la justicia? ¿Defiendo al justo, al pobre, al que sufre, al inocente? ¿Hago todo lo que puedo por ayudar a quien lo necesita? ¿Expreso que no estoy de acuerdo con el mal y hago lo que puedo en la medida de mis posibilidades y en el ámbito de mi influencia?

Discípulo. Es anónimo; no sabemos quién es; sólo que tiene a Jesús por Maestro; que se vale de “sus contactos” para acercar a Pedro lo máximo posible a Jesús. Se mueve en un mundo hostil, peligroso para su modo de pensar y vivir; pero ahí está en medio, sin renunciar a ser lo que es. En este discípulo sin nombre, deberíamos reflejarnos todos.
(¿Y yo? ¿Me muevo bien en el mundo que me rodea y que está tan lejos de mi fe? ¿Aprovecho eso para acercar a otros hasta Jesús, en medio de todas las dificultades? ¿O prefiero no implicarme para no arriesgarme a perder algo?).

Muchos personajes, ¿verdad? Y muchas posiciones… Tal vez demasiadas preguntas… o tal vez no. Porque siempre deberíamos estar cuestionándonos por cómo estamos viviendo nuestra fe. ¿Con qué personaje o personajes nos identificamos? ¿Son siempre los mismos o van cambiando? ¿Estamos de verdad al lado de Jesús? ¿Lo vemos realmente en los que sufren, en los pobres, en los marginados? ¿Lo sentimos en nosotros, asumiendo también nuestra debilidad y nuestra culpa? ¿Sufrimos por verlo tan maltratado? ¿Lo amamos de verdad por haberse hecho ser humano que sufre con nosotros, por nosotros, en nosotros?

lunes, 9 de febrero de 2015

¡Qué bueno es volver!

Hoy he estado en el pueblo después de unas semanas (tal vez meses) sin pasarme. Han sido sólo unas pocas horas, para resolver unos asuntos y dar una vuelta por las gallinas, con mi madre. Pero me siento feliz cada vez que voy.
Ya pasaron los años en que casi odiaba ir; lo hacía porque estaban allí mis padres. Pero sufría. Fue después de mi paso por la alcaldía; acabé tan hastiado, tan harto, tan rechazado incluso por muchos, que no sentía un especial aprecio por aquel pueblo y algunas de sus gentes.
Pero gracias a Dios, todo ha ido quedando en la lejanía. El tiempo me parece sabio porque va borrando poco a poco los malos y dolorosos recuerdos. Y va quedando lo bueno.
Hoy me he acercado a la iglesia, donde un día me bautizaron, donde hice mi primera comunión, donde he asistido a cientos (mejor miles) de misas; donde celebré hace casi cinco años, mi primera misa como cura. Y me he sentido feliz, muy feliz, gracias  a Di

os.

sábado, 10 de enero de 2015

Ya hace un año.

Aún recuerdo el momento (y han pasado 365 días) en el que me llamó David para decirme que había muerto Honorato. Yo estaba en Guadalajara, pasando unos días con mi familia. Me impactó la noticia y casi no podía hablar; se me saltaban las lágrimas y mi voz se ahogaba en mi garganta. Nadie nos lo esperábamos; es verdad que estaba delicado, pero él iba caminando con sus achaques.
Ahora se le echa de menos porque, como decía Juan Pablo, era el mejor compañero; siempre dispuesto a todo: sustituirnos en las misas para que nosotros pudiéramos realizar otras tareas, predicar en las novenas...
Hoy hemos celebrado una misa en la que hemos participado 8 curas del arciprestazgo y numerosos fieles en la que fue su última parroquia, san Felipe. Convencido estoy que está ya contemplando la gloria de Dios e intercediendo por cada unos de nosotros. Descanse en paz y que nos espere, por muchos años.

miércoles, 7 de enero de 2015

Hace frío, por la noche y por el día.


Hemos tenido unos días de temperaturas bastante bajas. Por algunos pueblos del Alto Tajo se ha llegado a los diez grados bajo cero. Bastante frío, aunque normal para esta época del año. Aunque durante el día las temperaturas llegan hasta los 15 grados, bastante agradables, por las noches el termómetro baja rápidamente y se mantiene bajo cero.
Así que cuando salgo de ruta a celebrar las misas me encuentro con imágenes como las que se pueden ver en las fotos. Hacía tres años que no veía estas cascadas de hielo, aunque este año no son tan espectaculares como en el 2011. Pero ha merecido la pena aparcar el coche y caminar un poco por la cuneta para poder hacer las fotos. Que las disfrutéis.


jueves, 6 de noviembre de 2014

ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL (Y CRISTIANA EN GENERAL) EN CLAVE FUTBOLÍSTICA.



 (RETIRO ARCIPRESTAL. 6-NOVIEMBRE-2014. VILLEL DE MESA.)
Voy a plantear este retiro cual si fuera la preparación de un partido de fútbol. ¿Por qué? Pues eso habría que preguntárselo al Espíritu que me despertó el domingo a las 5 de la madrugada, para “inspirarme”. Se me presentó a los ojos, con una gran claridad, que nuestra vida de cristianos es como jugar un gran partido de fútbol, o muchos. Formamos parte de un club que aspira a ganarlo todo y si puede ser por goleada. Hay que tener claras varias cosas. ¿Cuáles son las normas de este club? Sólo una: el AMOR por encima de todo ¿Quién es el presidente de este Club? Respuesta: DIOS PADRE, que nos observa y anima desde el palco. No está solo, tiene muchos invitados de honor; yo recuerdo ahora a tres: Enrique, Honorato y Andrés (sacerdotes fallecidos en el último año). Fueron estrellas de este equipo y ahora, retirados de los terrenos de juego, gozan de un merecido descanso. También tenemos un delegado de campo, que hace un poco de seleccionador diocesano y arciprestal: Don Ati (Atilano) ; tiene nombre de jugador italiano, pero es de Asturias. 
Jugamos en muchos campos, aunque el más habitual es el del “Arciprestazgo de Molina de Aragón”, campo histórico donde los haya, con una gran capacidad, aunque últimamente no se llena. La plantilla no es muy amplia en estos momentos; la crisis no permite fichar mucho y ahora mismo el mercado de otoño-invierno está bastante parado. Aún así, no nos podemos quejar de equipo. El entrenador es el ESPÍRITU SANTO; no sabemos cómo lo hace, pero se mueve por todo el campo transmitiéndonos su fuerza. Creo que nunca lo van a despedir. 
En la portería, no porque sea el mejor portero del mundo sino porque es el que más tapa, tenemos al enorme Layna. 
En defensa, cuatro muros, difíciles de superar: Juárez, Díaz, Ñolo y Del Castillo. 
En el centro del campo, repartiendo juego: Ribi, Pérez, San Félix y Torru. 
En la delantera, dispuestos a marcar muchos goles: Rojo, Moreno, Rayo y Delgadillo. 
Y en el banquillo, siempre disponibles para jugar cuando hace falta: Ramiro y Azabal. 
Todo un equipo ganador, sin duda, y muy versátil, pues todos pueden jugar en cualquier posición.
El escudo del club es muy sencillo: una cruz sobre la que hay una corona de espinas y tres puntas (clavos), con un corazón de fondo. Ojo, no confundir con el escudo del rival: una cruz con tres puntas (o tenedor o tridente) con una serpiente alrededor.
El gran ídolo del equipo se llama Jesucristo. Jugó en el club hace una eternidad, quiero decir, hace unos 2.000 años, pero aún sigue siendo la referencia. Todos los jugadores se han fijado en él y tratan de imitarlo en cada partido. Sus grandes gestas quedaron recogidas en un libro que es manual de cabecera de muchos que quieren jugar al nivel que jugó él. Jesucristo era, es, un “jugadorazo”, es que lo hacía siempre bien en cualquier posición que jugara. Nada que ver con algunos que tratan de suplantarlo: un tal “Cristiano” y un tal “Messi-as”… (Bien decía él: algunos vendrán y dirán que soy yo, pero no les hagáis caso).
Cuando había que parar, Jesucristo lo paraba todo. Hay muchos ejemplos pero sólo quiero que recordemos uno. Lo encontramos en Mt 4, 1-11. El rival lo intentó por la derecha, por la izquierda, por el centro… y nada; Jesús se las sabía todas; el diablo (así se llamaba el rival, salió del campo desesperado y descompuesto.
En defensa era único. A la hora de defender era el primero en defender a niños (Mt 19, 13-15), ciegos (Mt 20, 29-34), adúlteras (Jn 8, 1-11), endemoniados (Mc 5, 1-15), etc, etc, etc. Además no se estaba a contemplaciones; si tenía que entrar con todo, no le temblaba el pulso; algunos ejemplos: Mt 21, 12-13 (…), Mt 23, 13.15.16.17.19.23.24.25.26.27.29.33. En este partido es que estuvo genial, insuperable… los rivales aún se están preguntando por dónde les vino aquel vendaval. Aquí pienso yo que estuvo muy cerca de la expulsión, pues jugó al límite, casi casi saltándose la norma única del club (el amor). Aunque nunca lo hizo, pues tenía clara la filosofía del club. Lo podéis ver en Lc 6, 27-37 (…)
Como central, también lo tenía claro: el centro de todo eran los pequeños (Lc 10, 21), los enfermos (Lc 13, 10-13; Lc 17, 11-14), los pobres (Lc 14, 12-14),los pecadores (Lc 15) (…), los niños (Lc 18, 15-17), etc, etc, etc. En una ocasión reveló el secreto para jugar bien en el centro del campo: sólo hay que hacer bien ocho ejercicios. Lo podemos encontrar en Mt 5, 1-12.
Como delantero era imparable. Sus regates a los rivales y sus contraataques eran épicos. Por la derecha, por la izquierda, un amago, un caño, una vaselina, una rabona… Una pequeña muestra: regates a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (Mt 21, 23-27); a los fariseos (Mt 22, 15-22.41-46; Mc 2, 23-28); a los saduceos (Mc 12, 18-27)… Así le pasó, que todos le tenían ganas y no pararon hasta que lo cazaron; se conchabaron con uno de su propio equipo que se dejó comprar; y le dieron por todas partes; el pobre, lleno de moratones, arañazos, costillas rotas, un ojo hinchado, sangre por todas partes; hasta hicieron una cruz con los palos de la portería y lo clavaron allí hasta que murió… ¿Murió? ¿Estaban seguros? Eso pensaban, pero mira por dónde, ese fue el mejor regate; porque era tan listo que sabía lo que le iba a pasar, y se dejó… para pillarlos desprevenidos, porque cuando creían que le habían metido un gol, se levantó cuando nadie lo esperaba, ni los suyos y metió el gol más bonito. Leedlo, leedlo. Fue algo tan grandioso que lo recogieron los cuatro biógrafos más importantes: Mt 28, 1ss; Mc 16, 1ss; Lc 24, 1ss; Jn 20, 1ss.
Dicen las crónicas que en cada pertido se agolpaba tanta gente para verlo y tocarlo que se pisaban unos a otros; su equipo de seguridad lo pasaba fatal. Eran doce, les llamaban los Apóstoles y estaban superagobiados. Permitidme que os diga que el que ocupa ahora su posición en el campo es un poco así; se hace llamar Francisco y parece que ha aprendido muy bien esta parte de Jesucristo; a sus escoltas, especialmente al calvo, los trae de cabeza… Pero es que, en definitiva de eso se trata: de parecerse al original; hay quien dice que estamos hechos a imagen y semejanza de Jesús, pero yo creo que alguien (lo voy a decir: el presi del equipo rival) cambió el buen material que había preparado Dios por plastilina, además de la mala, y nos deformamos con facilidad.
Por eso muchas veces jugamos partidos aburridos, jugamos fuera de lugar… el público se nos va o ya no viene. Yo creo que es por dos motivos: el primero ya lo he dicho, aburrimos; el segundo, es que, no debería ser público, también deben jugar este partido. Pero nos pasa como a los chiquillos que están jugando en la plaza, o en la calle, o en el campo… los que no juegan y miran, acaban por irse; tal vez muchos están deseando jugar y no les dejamos; tal vez les hemos dicho tantas veces que no, que ahora les animamos y no quieren o no se atreven. Y a nosotros nos puede faltar frescura y buen juego. Podemos estar demasiado preocupados en subir de categoría, en escalar hasta el primer equipo. O estamos quejándonos porque nos obligan a jugar en un campo o en una posición “que creemos no merecer”. Tal vez nos movemos por celos o por envidias… (una reflexión en este sentido: pensemos un momento cómo reaccionamos el lunes ante los nuevos nombramientos que hizo el obispo: nuevo vicario general, nuevo delegado del clero... Nuestra reacción bien podría ser una medida de dónde nos situamos). Tal vez nos hemos acomodado a estar donde estamos y no hay quien nos mueva; tal vez nos dejamos meter goles en propia puerta; tal vez no defendemos bien; tal vez no atacamos, o lo hacemos mal; tal vez no corremos y no sudamos la camiseta; tal vez tratamos de engañar al árbitro; tal vez empleamos juego sucio; tal vez somos demasiado “chupones” y no pasamos la pelota a nadie; tal vez… etc, etc, etc.
Todas estas cosas van a hacer que nuestro partido en la vida sea mediocre y también el de los demás, porque no somos capaces de jugar en y para el equipo. Y no perdemos nosotros solos, pierden todos. ¿Qué hacer, por tanto, para evitar todo lo anterior? Está claro: tratar de ser como el mejor; tratar de ser como Jesucristo. Entrenar como él, pensar como él, vivir como él, si hace falta morir como él. No hay tiempo para entrar en muchos detalles, pero sí que quiero destacar algunos que lo hacían único:
-Tenía una comunicación única con Dios Padre (sabía lo que quería el presi). Hablaba con Él (hasta se pasaba noches enteras charlando) (Lc 6, 12). Vivía en la INTIMIDAD CON DIOS. Pregunta: ¿Cómo vivimos nosotros? ¿Cuánto tiempo nos lleva hablar de verdad con Dios?
-Vivía unido al Padre. Vivía en COMUNIÓN con Él. Tanto es así, que el único camino para llegar al Padre, es a través de él (Jn 14, 6-7.11). La clave está en el amor (Jn 14, 20-21) Preguntas: ¿Cómo van mis niveles de comunión? (diocesano, arciprestal, parroquial, presbiterio…) ¿Cómo está mi reserva de amor (del de verdad, del bueno, del amor de Dios)?
-Estaba volcado con los más necesitados. Su vida era CARIDAD (Mc 6, 34-44). Preguntas: ¿Cómo es mi caridad? ¿Auténtica? ¿Asistencialismo? ¿Fachada? ¿Sólo para lavar mi conciencia? ¿Trato con amor al necesitado? ¿Qué sentimientos me provoca? ¿Y qué entiendo por necesitado?
-Su vida toda fue MISIÓN (Jn 14, 6; Lc 8, 1-2; Lc 12, 49; Lc 13, 18-21; Mt 4, 17.19). Preguntas: ¿Tengo claro cuál es mi misión? ¿Trato de llevarla a cabo con todas mis fuerzas? ¿Llena toda mi vida o es sólo un apartado más de ella?
Podría seguir con esta lista, pero se nos puede hacer interminable. Así que para ir acabando, lo voy a hacer con la Carta de san Pablo a los Filipenses, que estamos leyendo estos días en misa, como primera lectura, y que nos dan un fundamental de Jesucristo y que deberíamos hacer nuestro en la medida en que nos sea posible: la HUMILDAD y la POBREZA. Si hacemos caso a san Pablo, seguro que vamos a triunfar y a ganar este partido, como lo ganó Cristo.

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes en un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2, 1-9)


            PARA LA MEDITACIÓN: JESUCRISTO EN EL TERRENO DE JUEGO.
-Paraba todo. Mt 4, 1-11.
-Un defensa único: de los niños (Mt 19, 13-15), de los ciegos (Mt 20, 29-34), de las adúlteras (Jn 8, 1-11), de los endemoniados (Mc 5, 1-15).....                                                            Entraba fuerte: Mt 21, 12-13; Mt 23, 13.15.16.17.19.23.24.25.26.27.29.33…                              …pero con amor Lc 6, 27-37.
-El amo del centro del campo: los pequeños (Lc 10,21), los enfermos (Lc 13,10-13;       Lc 17,11-14), los pobres (Lc 14, 12-14), los pecadores (Lc 15), los niños (Lc 18, 15-17)…             La clave: Mt 5, 1-12.
-Delantero imparable: con los sumos sacerdotes (Mt 21, 23-27), con los fariseos (Mt 22, 15-22.41-46; Mc 2, 23-28), con los saduceos (Mc 12, 18-27)…                                                 Su mejor gol: Mt 28, 1ss; Mc 16, 1ss; Lc 24, 1ss; Jn 20, 1ss.
            Algunas claves de su juego:
- INTIMIDAD CON DIOS. Comunicación única con Dios Padre (Lc 6, 12). Preguntas: ¿Cómo vivimos nosotros? ¿Cuánto tiempo nos lleva hablar de verdad con Dios?
-COMUNIÓN. Vivía unido al Padre (Jn 14, 6-7.11). La clave: el amor (Jn 14, 20-21) Preguntas: ¿Cómo van mis niveles de comunión? (diocesano, arciprestal, parroquial, presbiterio…) ¿Cómo está mi reserva de amor (del de verdad, del bueno, del amor de Dios)?
-CARIDAD con los más necesitados (Mc 6, 34-44). Preguntas: ¿Cómo es mi caridad? ¿Auténtica? ¿Asistencialismo? ¿Fachada? ¿Sólo para lavar mi conciencia? ¿Trato con amor al necesitado? ¿Qué sentimientos me provoca? ¿Y qué entiendo por necesitado?
-MISIÓN. Toda su vida fue anunciar el Reino de Dios (Jn 14, 6; Lc 8, 1-2; Lc 12, 49;     Lc 13, 18-21; Mt 4, 17.19). Preguntas: ¿Tengo claro cuál es mi misión? ¿Trato de llevarla a cabo con todas mis fuerzas? ¿Llena toda mi vida o es sólo un apartado más de ella?
HUMILDAD y la POBREZA. (Flp 2, 1-9). “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús… Se despojó de sí mismo…se humilló a sí mismo… obediente hasta la muerte y una muerte de cruz